Trabajamos con contact centers y BPO que mueven miles de conversaciones al día. Entendemos la operación en una semana y desplegamos producto real en unas cuantas más. Lo que ves es nuestro: no revendemos la plataforma de otro.
La llamada, el WhatsApp y el correo son episodios dentro de él. Todo lo demás del producto sale de ahí.
Un diferenciador sin contraste es un adjetivo. Estos llevan el suyo.
Los demás resuelven «conversación por canal». Nosotros guardamos a la persona y colgamos de ella la llamada, el WhatsApp y el correo.
Prueba a preguntar a cualquier otra plataforma qué pasó con un cliente que escribió el martes y llamó el jueves. Te dará dos fichas.
Misma bandeja, misma cola, mismo supervisor, mismo informe. Se la escucha, se la susurra, se la audita y se la mide con la misma plantilla de calidad que a una persona.
El agente de IA de catálogo es un producto aparte con su propio panel; el día que hay que saber si atiende bien, no hay con qué compararlo.
Troncales, numeración, colas, menús, destrezas, horarios, grabación, webphone y antifraude.
Quien no la tiene te pide la tuya, y entonces el traspaso de la IA a una persona es una llamada nueva que el cliente vive como «me han vuelto a pasar con otro».
No una muestra, y no la opinión del modelo: la evaluación se hace contra los procedimientos escritos de tu empresa.
Una puntuación de calidad que no cita la norma que se incumplió es una opinión con decimales.
Operaciones marcadas una a una, y ninguna por defecto.
«Se integra con tu CRM» suele significar que exporta un fichero por la noche.
Lo construimos nosotros y lo desplegamos nosotros. La primera versión en producción se mide en semanas, no en trimestres.
El proyecto de integrador que empieza con seis semanas de análisis funcional.
Una conversación directa sobre tu volumen, tus canales y por dónde conviene empezar. Sin propuesta genérica.