Troncales, numeración, colas, menús, horarios y grabación. Con tu equipo atendiendo desde el navegador y agentes de IA en primer nivel o cubriendo el desbordamiento. Cuando la IA traspasa, la llamada entra en tu cola: no se corta y no se vuelve a empezar.
Entrante, saliente o ambas, con el estado de registro a la vista y las credenciales guardadas cifradas.
Cada número apunta a una cola, un menú, una persona o un agente de IA.
Estrategia de reparto, pertenencia explícita o por servicio, y destrezas para que la llamada entre a quien sabe. Cada cola puede tener un agente de IA como primer nivel o como desbordamiento.
Avisa del menú al que no llega nadie, de la tecla que se promete y no existe, de la cola apagada al otro lado del 1 y del audio que todavía no está. Ninguno de esos casos da error por su cuenta: todos cuelgan al cliente.
Horarios de atención por servicio, con festivos, y audios propios —subidos o generados por voz— organizados en carpetas.
Sin instalar nada, sin teléfono de mesa. Marcador, transferencia, retención, selección del número con el que sales, y un mensaje que dice por qué no hay teléfono cuando no lo hay.
Retención configurable y consentimiento registrado como base legal, no como casilla.
El que no espera en cola pide que le llamen, y eso entra en el calendario y en el hilo.
Tope de gasto diario, países permitidos y corte automático. El fraude telefónico es la factura de 40.000 € de un fin de semana; el tope existe por eso.
Llamadas clasificadas con los códigos propios de cada operación, al cerrarlas.
Las plataformas de IA conversacional no traen telefonía: piden la tuya y se enchufan por un lado. Las centralitas no traen IA: la venden como un módulo que vive fuera. Aquí la cola, el menú, el agente de IA, la persona y la grabación son el mismo sistema, y por eso el traspaso de la IA a una cola de personas es una transferencia normal, no una llamada nueva.
Una conversación directa sobre tu volumen, tus canales y por dónde conviene empezar. Sin propuesta genérica.